| Año de creación | 2025 |
|---|---|
| Dimensiones | 28 A × 40 Al × 25 P cm |
| Peso | 18 kg |
| Tipos de arte | escultura |
| Estilo | barroco |
| Género | retrato |
| Materiales | Bronce |
| Módulos | 2 |
Nutrix (40 cm) es una encarnación más íntima —aunque no por ello menos cautivadora— de la visión original. De menor tamaño, pero sin perder presencia, conserva la misma sobria seguridad y una voz artística distintiva, ahora destilada en una forma que se integra a la perfección en un interior refinado. Esta versión tiene un toque refrescante y directo. Sin excesos ni distracciones, centra la atención del espectador en la esencia de la idea: dualidad, transformación, tensión entre superficies. Transmite una sensación de deliberación, serenidad y una modernidad impactante. Lo que hace que Nutrix sea particularmente atractiva es su accesibilidad sin concesiones. Conserva el carácter de una obra de arte seria, pero invita a una interacción más cercana y personal. Es el tipo de pieza con la que se convive, no solo que se observa. Desde la perspectiva del coleccionista, se trata de una adquisición inteligente: una oportunidad única para poseer una obra con una clara identidad artística en un formato más accesible. Una pieza que sin duda disfrutará tener en casa.

Krzysztof Płonka Cracovia, Polonia Nacido en 1972 Escultura, pintura, prácticas multimedia “La perfección perdurará para siempre” Krzysztof Płonka es un artista que trabaja en la intersección de la escultura, la pintura y los nuevos medios. Su práctica se centra en la forma como un espacio de tensión entre la materialidad y la proyección, lo físico y lo imaginario. Crea esculturas monumentales de bronce, caracterizadas por una gran disciplina formal, al tiempo que desarrolla su trabajo en cine, videojuegos y producción de imágenes digitales. Ha contribuido a los efectos visuales de producciones como Avatar II, Get Even, The Witcher y Medium, sentando así una importante base tecnológica para su lenguaje artístico. Su obra dialoga con el legado del surrealismo —en particular con la estética de H.R. Giger y Zdzisław Beksiński—, pero se resiste a la cita directa. En cambio, estas referencias se transforman en un lenguaje visual distintivo y reconocible, donde elementos orgánicos y mecánicos se fusionan en formas híbridas. Płonka trabaja con escultura, instalación y estructuras performativas, desafiando constantemente las categorías perceptivas establecidas. Sus obras no se limitan a representar; construyen experiencias: situaciones suspendidas entre la inquietud y la contemplación. Una característica definitoria de su práctica es la tensión entre la precisión técnica y la ambigüedad semántica. Rechazando la representación mimética, construye estructuras visuales basadas en la disonancia y la contradicción interna, guiando al espectador hacia un encuentro con la forma como algo inherentemente inestable. Sus obras forman parte de colecciones privadas, y su práctica ha atraído a un creciente círculo de coleccionistas dedicados, así como a un público comprometido y en expansión. La práctica artística de Płonka sigue siendo un proceso abierto, que redefine continuamente las relaciones entre disciplinas y los límites de la imagen misma.
